Hacía tiempo que no escribía, y que mejor que hacerlo hablando de una de las series de fantasía que más me gusta, La Saga de Geralt de Rivia.

Todos sabemos que la fantasía como género literario, es algo menor, que no destaca por su calidad, y que suele aprovecharse de miles de fans de alguna franquicia de éxito, pero de vez en cuando sale a la luz algo nuevo, sorprendente, original y de una calidad excepcional, como ejemplo, esta maravillosa saga, la de Geralt de Rivia.

Geralt es un brujo, y aquí empieza la primera idea original, hay que tener en cuenta que en Polonia no existía esta palabra, Andrej Sapkowski, se inventa una nueva palabra: “Wiedzmin”, y con ello algo nuevo. En este mundo un brujo es basicamente un cazador de monstruos, entrenado desde pequeño para esta tarea, su cuerpo a sufrido una serie de transformaciones (mutante), y se sirve de todo tipo de trucos para conseguir su objetivo, pociones (drogas), signos (magia) etc…

Todo empezó con “El último deseo” que junto con “La espada del destino” compilan una serie de cuentos en los que se deja ver este mundo: original, imaginativo, cruel, humano, realista, fantástico. Un mundo sustentado por el folklore polaco (y del este de Europa en general) en el que no existen los heroes al uso, sino que cada personaje tiene sus propios intereses personales, que no suelen ser altruistas.

La saga la completan 5 libros más, de momento en España solo se ha publicado hasta el 6 (que salga el último volumen ya!), y es en estos 5 donde empieza la novela, y donde se narran las aventuras de Geralt y de su protegida Cirilla de Cintra. Veremos como se mueven por el mundo y como este mundo va cambiando, grandes intrigas políticas, grandes guerras, conspiraciones mundiales, profecías elficas, movimientos activistas contra los humanos etc… que afectan a todo el mundo y a todas las razas (elfos, dríades, gnomos, medianos, enanos y humanos), junto con cientos de razas no-racionales, magos de inmenso poder pero en declive, espías, trovadores, soldados… y así, un montón de personajes que hacen que el mundo esté vivo y en constante movimiento.

También existe una serie y unas películas, que sólo se han estrenado en Polonia (allí su éxito es arrollador) pero son de mala calidad, por lo menos en lo que a efectos especiales se refiere (o si no, daros un paseo por Youtube).

En cambio, con mucha calidad, podemos encontrar el videojuego The Witcher (desarrollado también por un estudio polaco), que continúa las andanzas de Geralt, es muy fiel a los libros y cuenta con una ambientación increible. El videojuego sí hace justicia a esta gran saga.

Y como aperitivo, un pequeño extracto sacado del segundo volumen “La espada del destino”, relato: “Esquirlas de hielo”:

Con movimientos pausados se ajustó los broches y las hebillas de su chaqueta que se
habían soltado, ordenó los faldones de la ropa, comprobó que no le impedían en ningún
lugar la libertad de movimientos. Echó la espada a la espalda, corrigió la situación de la
empuñadura sobre el hombro derecho. Se ató la frente con una banda de cuero que le
recogía los cabellos hacia atrás, detrás de las orejas. Sacó unos largos guantes de lucha,
erizados de cortos y cónicos anillos de plata.
Miró de nuevo hacia el sol, reduciendo su retina a una rendija perpendicular. Hermoso
día, pensó. Hermoso día para luchar.
Suspiró, escupió y poco a poco fue subiendo la callejuela, a lo largo de la muralla, que
exhalaba una fuerte y penetrante fragancia a revocadura mojada y a mortero de cal.
-¡Eh, tú, bicho raro!
Miró a su alrededor. El Cigarra, en compañía de tres armados personajes de mala
catadura, estaba sentado en unas vigas amontonadas junto al muro. Se levantó, se
desperezó, salió al centro de la calleja, intentado evitar los charcos con mucha atención.
-¿Adónde vas?
-No es asunto tuyo.
-Para dejarlo clarito, me importan un pimiento el estarosta, el hechicero y toda esta
ciudad de mierda -dijo El Cigarra, subrayando lentamente la palabra-. Se trata de ti,
brujo. No alcanzarás el final de esta calleja. ¿Me oyes? Quiero comprobar cuán hábil
eres en la lucha. Esto me quita el sueño. Estate quieto, te digo.
-Quítate de mi camino.
-¡Estate quieto! -aulló El Cigarra, poniendo la mano sobre el puño de la espada-. ¿No
has captado lo que he dicho? ¡Vamos a luchar! ¡Te estoy retando! ¡Ahora veremos
quién es el mejor!
Geralt encogió los hombros, sin aflojar el paso.
-¡Te estoy retando! ¿Me escuchas, engendro? -gritó El Cigarra, saliéndole al paso de
nuevo-. ¿A qué esperas? ¡Saca el yerro! ¿Qué es esto, es que has cogido miedo? ¿O es
que sólo te pones para los que, como Istredd, se han jodido a tu bruja?
Geralt siguió adelante, obligando a El Cigarra a retroceder, a mantener una torpe
marcha hacia atrás. Los individuos que acompañaban a El Cigarra se alzaron del
montón de maderos, se movieron hacia ellos, siguiéndolos por detrás, de lejos. Geralt
escuchó cómo el barro chasqueaba bajo sus botas.
-¡Te reto! -repitió El Cigarra, palideciendo y enrojeciendo alternativamente-. ¿Me oyes,
brujo de mierda? ¿Qué más te hace falta? ¿Tengo que escupirte en los morros?
-Escupe si quieres.
El Cigarra se detuvo y, de hecho, tomó aliento, colocando los labios en posición de
escupir. Miraba a los ojos del brujo, no a sus manos. Y eso fue un error. Geralt, aún sin
aflojar el paso, le golpeó como un relámpago, sin tomar impulso, sólo con la fuerza de
la marcha, el puño en el guante anillado. Le golpeó en la propia boca, directamente en
los labios apretados. Los labios de El Cigarra se rasgaron, estallaron como cerezas
aplastadas. El brujo se enderezó y golpeó otra vez, en el mismo lugar, esta vez tomando
un corto impulso, percibiendo que junto con la fuerza y el ímpetu del golpe salía de él
también la rabia. El Cigarra, dando vueltas con una pierna en el barro y otra hacia
arriba, vomitaba sangre y chapoteaba en los charcos, boca arriba. El brujo escuchó
detrás de sí un silbido de una hoja contra su vaina, se detuvo y se dio la vuelta con
fluidez, con la mano en la empuñadura de la espada.
-Venga -dijo, con la voz temblándole de rabia-. Venga, adelante.
El que había tomado el arma le miró a los ojos. Durante un segundo. Luego retiró la
mirada. Los otros comenzaron a retroceder. Lentamente, luego más rápido. Al oír esto,
el hombre de la espada retrocedió también, moviendo los labios pero sin emitir sonido.
El que estaba más lejos se dio la vuelta y echó a correr, salpicando de barro. Los que
quedaban se quedaron quietos en el sitio, no intentaron acercarse.
El Cigarra se retorció en el lodo, se incorporó, apoyándose en los codos, murmuró,
carraspeó, escupió algo blanco junto con una buena cantidad de rojo. Al pasar a su lado,
Geralt le dio un puntapié con repugnancia en la mejilla, aplastándole el maxilar, y
enviándole de nuevo al charco.
Siguió adelante, sin mirar hacia atrás.

 

 100% Recomendable.
 

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